En el cotidiano andar de la vida representamos muchos roles, nos colocamos muchas mascaras, deambulamos con muchos pensamientos y muchas interrogantes, aveces pasamos largos periodos de un lado para otro y de un estado a otro buscando un espacio o un momento, pocas veces podemos ser nosotros mismos y menos son las veces que nos vemos enfrentados a nuestra propia existencia. Hasta que aparece un rayo estremecedor que pone en suspenso todo ese montaje y lo condiciona a un solo instante.
Es solo en ese único instante, tal vez, cuando ponemos a prueba todo lo que somos, lo que pensamos y lo que hemos creado. Ese momento es cuando nos enfrentamos de improvisto con nuestros principios básicos, con nuestra escala de valores, con nuestras prioridades y con nuestros intereses mas puros. Es cuando no tenemos mas salida que decidir con nuestra propia esencia y nos damos cuenta del valor de lo construido y lo desechado. Un gran reto es enfrentarse a uno mismo y decidir en consecuencia a esos valores y principios el camino a recorrer, pero no existe mayor reto que darse cuenta que esos valores y principios se contradicen con todo lo que has creado, que has vivido cubierto de ficciones y fantasías que se caen a la primera tormenta y quedas desnudo ante el hostil mundo.
Pero ese momento que detiene tu tiempo no solo te expone y deja vulnerable, te hace crecer, te fortalece y que ennoblece cuando tus valores y tus principios son la llave para encontrar las respuestas, a pesar de las dificultades son ellos lo que ofrecen la convicción de seguir adelante para frente la vida representando lo que eres...
No hay comentarios:
Publicar un comentario